In time

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Un cocktail difícil (4).


Añadimos en su justa medida un punto de Philip K. Dick, adoptamos la estética de Minority Report dándole un toque retro y le dejamos un hueco al señor Smith, que después de tanto tiempo en el paro desde que Keanu Reeves le cerrara el chiringuito ha perdido la práctica. Convertimos a Justin Timberlake en Robin Hood y a Amanda Seyfried en Julieta, mientras tenemos en mente la imagen de Bonnie & Clyde. Eso sí, cruzamos los dedos para que nadie se acuerde de la Fuga de Logan.

Para darle el toque justo de profundidad a todo esto cogemos un poco de la teoria capitalista neoliberal a la que sacudimos desde un planteamiento pseudomarxista, pero sin terminar de creérnoslo demasiado. De modo que como tenemos dudas empaquetamos el producto apoyándonos en los clichés más manidos a los que recurre todo blockbuster de ciencia ficción que se precie de serlo: tiros, acción y muchas situaciones inverosímiles resueltas al límite, mejor que el espectador se fije en esto que no en todas las licencias de guión que vamos a tomarnos.

Una vez tenemos los ingredientes justos, los sacudimos un poco. Ojo Andrew, he dicho sólo un poco... UN POCO... vaya, parece que al final, te pasaste. La mezcla te ha salido inconsistente, pero como buen miembro de la generación del botellón que soy no voy a ponerme sibarita. Puede beberse, aunque sólo es apta para los que no nos queda más remedio que vivir al día, para paladares más exigentes, mejor vean Gattaca.

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Eva

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¿Dónde está la ciencia ficción? (5)


Como sucede con tantas otras películas, a EVA el tráiler no le hace ningún favor. Acudes a la sala con la idea de ver otra película de ciencia ficción donde la acción tendrá un peso importante, además de sugerirte que en ella se van a abordar cuestiones clásicas en los relatos de robots… cuando en realidad EVA no ofrece ni una cosa ni la otra.

La historia que se nos cuenta en esta película es ante todo una historia de personajes que se aman, de sus motivaciones, de sus decisiones pasadas, de sus convicciones y de cómo van a encarar el futuro. La ciencia ficción en este caso no deja de ser un elemento accesorio, el pretexto sobre el que levantar la trama. Pero la base de la historia en sí misma hubiese podido funcionar del mismo modo estando ambientada en una aldea del medievo, en una gran metrópolis moderna o en un pequeño pueblo de provincias.

Los protagonistas son Álex y Lana. La historia que hubo entre ellos alimenta todas las tensiones e interrogantes que te mantienen atento a la pantalla. Eva y el proyecto actúan como nexo necesario entre ambos, pero cuando termina la película te das cuenta de que sólo representan eso: un bonito pretexto, tan necesario como intercambiable.

Es por eso que la película deja un sabor agridulce. En primer lugar, porque no te encuentras con lo que te han vendido y, en segundo lugar, porque pese a ser una película que logra mantener el interés, la verdad es que la historia de Álex y Eva no parece suficiente como para dedicarle otra película. En otras palabras, nos encontramos ante una historia muy convencional, tópica y previsible de una pareja que se encuentra años después dentro de un marco llamativo y novedoso.

Pero en una película de ciencia ficción, la ambientación, los planteamientos y conceptos que se sugieren no pueden ser mero atrezzo, lo que convierte a EVA en una película vulgar, que se deja ver, pero que no atrapa ni ofrece grandes motivos para recomendarla.

Creo que leí aquí que esta película es un cruce agradable entre “Beautiful Girls” y “AI”, en mi opinión no llega ni a arañar la riqueza e intensidad de la primera parte de la película de Spielberg ni llega a la sutileza y sensibilidad de la película de Demme. Es simplemente un producto fácil de digerir, entretenido, que trata de disfrazar lo convencional situándolo en otro género y contexto, pero al final el tiro le sale por la culata dando como resultado una película fallida.

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Volviendo al stencil

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Un puzzle redondo (8).

Tras el pequeño fiasco que me lleve con Paprika prometí darle otra oportunidad a este director, de modo que me decidí por su opera prima, Perfect Blue, y a diferencia de su otro trabajo esta sí me parece una historia redonda, o al menos más accesible y confusa en su justa medida como para que el espectador quede atrapado en la compleja trama que se mezcla a través de 3 realidades distintas de una forma magnífica.

La verdad es que en este film Kon consigue una perfecta mezcla entre el estado de confusión y fantasía de la protagonista, su propía realidad vital y además juega de una forma muy acertada con la excusa del papel de la protagonista como actriz en una serie, la mayor linealidad de la historia consigue que a pesar de las diferentes inserciones entre realidades el espectador no se pierda. Además la trama crece en intensidad de modo paulatino, tejiendo una teleraña de la que es imposible escapar, además, en este trabajo no hay elementos supérfluos o vanales que distraigan al espectador y la guinda la pone el desenlace, que pese algunas licencias es sólido, creíble, coherente y sorprendente.

En definitiva, una película sumamente recomendable, breve, directa, interesante y desafiante, un puzzle que se contruye poco a poco, sin fisuras, con una historia tan compleja, bien construida y planteada que para sí quisiesen muchas grandes producciones con protagonistas de carne y hueso, hecho que me hace plantear esta obra que esta obra bien podría considerarse, en cierta medida, un buen aperitivo al universo de Lynch. Una obra cuyo único defecto lo encontramos en una animación que no está, ni de lejos, a la altura de la historia, pero que termina convirtiéndose en un defecto menor en comparación con todo lo que ofrece.

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Una limpiadora destruye una obra valorada en 800.000 euros

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Éste fue el titular que usaron la mayoría de periódicos para hacerse eco de la noticia. Sucedió en el museo Ostwald de Dortmund y la mujer se defendió argumentando que creía que se trataba de una escalera o andamio utilizado para reparar alguna gotera.

En la siguiente imagen, podemos ver la obra antes de la destrucción. Un conjunto escultórico que consistía en una serie de tablones de madera salpicados con manchas de cal y yeso y un barreño que descansaba a sus pies.



Pero, más allá que para poner de manifiesto la irreparable pérdida, la noticia sirve para reabrir un viejo debate entorno al arte contemporáneo y su valor o, mejor dicho, la aparente arbitrariedad con la que los críticos atribuyen un valor a estas obras. Unas cifras que el ciudadano de a pie no alcanza a comprender y un tema en el que incluso críticos reputados no se ponen de acuerdo.

Y es que es normal que viendo la sencillez de según que obras, que el visitante que acuda a estos museos le cueste entender su valor, incluso conociendo la intención, significado y contexto en que fueron realizadas.

Lo que sirve para alimentar la otra parte del debate, esa en la que se debe tener en cuenta que las generalizaciones sobre la concepción que se tiene sobre el arte contemporáneo nos invita a pensar en que todo es un fraude, cuando lo cierto es que autores como Chillida y su obra, también es considerado arte contemporáneo.

Así que una breve reflexión sobre el asunto pronto abre cuestiones como: ¿es el arte contemporáneo un arte pensado para estudiosos y entendidos o dirigido más bien a mentes con tendencias elitistas y sibaritas? ¿los críticos y las galerias más reputadas son una herramienta al servicio de la búsqueda de obras con auténtico valor artístico o, como las agencias de calificación en el ámbito financiero, solo sirven para establecer valores ficticios de mercado que alimentan un gran negocio? ¿El arte contemporáneo es un fraude al servicio del ánimo de lucro de unos pocos o es una fuente de respuestas e innovación capaz de influir realmente en las nuevas tendencias y diseños?

Supongo que como siempre, en el término medio encontraríamos la respuesta a la mayoría de esas cuestiones... sin embargo, tengo la sensación que la mayoría de gente seguirá mirando con cierto recelo las nuevas tendencias artísticas, mientras elogia ciertos diseños que seguramente no hubiesen sido posibles sin el precedente artístico. Y para tratar de ilustrar esta última afirmación, voy a lanzar una última pregunta: ¿hubiese sido posible Custo sin Miró?

¿Vosotros que opináis sobre este asunto?

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