En ese momento una sonrisa pícara apareció en el rostro de la chica, jugueteo un poco con el pelo, miró fugazmente el suelo para luego devolver la vista rápidamente a mi mirada, y tras un momento de silencio me tendió la mano y dijo:
- Me llamo Ana ¿y tú?
- Cesar, encantado.
Tras encajarme la mano repitió el ademán, jugueteo un poco más inocentemente con su pelo mientras con su mirada me intentaba mostrar toda su seguridad para dejar bien a las claras que era una chica que terminaba consiguiendo lo que quería. Intentaba seducirme, la verdad es que tampoco tenía intención de ponérselo muy difícil, aunque debo admitir que ese cambio de actitud me resultó curioso y hasta cierto punto fascinante.
- ¿Y qué escribes?
- Me gustaría poder decir que libros, pero la verdad es que tengo que conformarme con algún relato corto o artículo para alguna revista.
- ¿Algún proyecto interesante entre manos?
- ¿Si lo tuviese crees que estaría buscando inspiración?
- No sería muy lógico, la verdad, aunque vete a saber, quizá tengas algún compromiso con alguna editorial y no sabes con que cumplirlo.
- No tengo esta suerte.
- Vaya, que lastima, ¿no?
- Tiene sus ventajas, sin ataduras nadie puede impedirme escribir lo que desee y me apetezca.
- Cierto.
Su interés cada vez era más manifiesto y evidente, poco a poco se había ido acercando, el juego inocente y modosito que había planteado al inicio se volvía poco a poco más lascivo. Ya había dejado a un lado las miradas furtivas, la sonrisa pícara y los ademanes con el pelo, todo eso había quedado atrás para dar paso a sus mejores armas, una mirada intensa y penetrante que combinaba con una pose segura mientras mordía suavemente y con suma habilidad su labio inferior. La verdad es que la chiquilla parecía muy capaz de conseguir lo que quería cuando algo se le ponía entre ceja y ceja, y debo admitir que con sus jueguecitos había conseguido encender algo más que mi imaginación.
- Y bien, ¿vienes mucho por aquí?
- De vez en cuando, me gusta el ambiente y ver lo que se cuecen entre los nuevos artistas, vamos que me gusta ser la primera en conocer las nuevas tendencias.
- De modo que te gusta el arte verdad…
- ¿Qué insinúas? ¿Por qué otra razón debería estar aquí?
De nuevo volvía a su faceta más agresiva y confiada, no estoy convencido si esa manera de actuar era sólo una pose o si realmente era una chica que se ofendía con facilidad, fuese como fuese, lo cierto es que la hacía, sin duda, un poco más interesante todavía.
- No insinúo nada, simplemente quería invitarte a tomar algo y para eso deberíamos abandonar la exposición.
- No sé, la exposición no está nada mal, pero la verdad es que una copa no me vendría mal.
- ¿Vamos pues?
- Terminemos de dar una vuelta rápida y luego llévame donde quieras.
Arte y engaño (2ª Parte)
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