Sombras en un noche de verano

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Es de noche, es verano, no hace frío, tampoco calor. Supongo que es una noche agradable, fresca. Entre la vegetación se oyen grillos. Su sonido acompaña nuestras pisadas y se funde con el crepitar de la hierba. Respiro hondo, mis pulmones se llenan de aire puro, al expirar ahogo un suspiro. No quiero estar aquí.

Caminamos sin prisas, pero sin intención de detenernos. No estamos paseando, simplemente acompaño a mi padre. Él trabaja, yo miro. No entiendo que hago aquí. No entiendo porque me ha pedido que le acompañara si no me necesitaba. Nunca hemos hecho nada juntos por el mero placer de disfrutar de nuestra compañía. No soy capaz de comprender por qué hoy tendría que ser diferente.

Sostengo la linterna, alumbro el camino por los dos, enfoco el suelo y delante mío se dibuja su silueta. Me doy cuenta que para mí nunca ha sido mucho más que eso, una sombra... un extraño.

Es una noche despejada, pero oscura, fresca y apacible. Debería ser un paseo agradable. Sin embargo, sólo puedo ver esa sombra, y en ella hay algo de mí. Y eso no me gusta, me incomoda. No quiero estar aquí.

1 comentarios:

  1. Para lo corto que es dice bastante de la mala relación entre un padre y un hijo;a la vez éste parece sentir cierto odio de si mismo.

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