UN DÍA CUALQUIERA, DE UN MES CUALQUIERA, DEL AÑO 2012
Son las ocho de la tarde, me despierta la alarma del móvil, mejor dicho, la segunda alarma del móvil. "Maldito retraso automático"- gruño entre dientes. Me levanto aún adormecido, a tientas le doy a encender el ordenador. Mientras carga me doy una ducha rápida. Al salir veo las primeras notificaciones automáticas. "Nota mental: Mirarlas después del café". Me sirvo un café, la máquina lo prepara sola, a mi gusto, bendita automatización. Me siento enfrente del ordenador. Ahora sí, leo las notificaciones y el planning del día.
El sopor y el aburrimiento me invaden. La cama aún está cerca, aún permanece caliente. Consigo vencer la tentación. Trabajar desde casa exige un plus de voluntad y constancia. Me conecto con la oficina. Confirmo los encargos con la ayudante de la secretaria del director de operaciones. Deberé emplear la mañana en el diseño de un boceto previo para el departamento de marketing. No recuerdo ninguna cara de ningún miembro de ese departamento.
Me pongo manos a la obra. Googleo un poco en busca de inspiración, un poco de plagio encubierto. Cargo la aplicación de diseño, ya sostengo en mi mano el lápiz de la tableta digitalizadora. Trabajo rápido y con absoluta precisión. Por mucho que me queje, en el fondo, mi trabajo me gusta.
Una notificación automática me interrumpe. Debo hacer la compra. Al cerrar la ventana emergente se abre inmediatamente la página web del carrito de la compra de mi supermercado de confianza. La lista estándar preliminar ya está seleccionada, compruebo que no necesito nada más. Finalmente añado pasta de dientes y me doy el capricho de un pastelito de chocolate. Antes de la hora de comer tendré la compra semanal esperando en mi puerta.
Sigo con mi trabajo. Avanza fluido. Estoy inspirado. Termino media hora antes de lo previsto. Lo mando a la oficina. El siguiente encargo no tardará en llegar. Aprovecho para ver la tele. La programación personalizada me garantiza encontrar siempre algo de mi gusto a cualquier hora. Opto por una sitcom americana, tampoco tengo ganas de pensar mucho. La verdad es que tampoco es muy divertida.
Llaman a mi puerta, es la compra. Un encargado del supermercado me extiende un lector de tarjetas para ejecutar el pago. Organizo y ordeno los productos adquiridos. Ya es la hora de comer.
Me sirvo un plato precocinado calentado en el microondas. Mientras saboreo tan exquisito manjar recibo un mensaje instantáneo de Mei Ling, una chica de Singapur, parece simpática, además está buena. Le apetece una sesión de cibersexo. Acepto, a los hombres siempre nos apetece, aunque sea mera masturbación. Terminamos rápido. Hablamos un poco del tiempo y el trabajo, una conversación banal de quien no tiene mucho que decirse. Mei Ling se desconecta.
Recibo nuevas notificaciones del trabajo, correcciones del boceto enviado por la mañana. Realizo las correcciones sin demasiado interés. Suena el móvil. Es Marta, una compañera de instituto con la que mantuve relaciones esporádicas, ahora vive en Alemania, pero regresa a Barcelona para visitar a sus padres. Me propone quedar. Consulto la agenda electrónica. No tengo hueco, me da pereza hacerlo.
Termino haciendo un esfuerzo y cancelo la partida al Call of Duty que tenía prevista para el sábado. "Los compañeros de mi equipo me van a matar", pienso. Me consuelo recordando que las únicas armas que conocen son virtuales.
Termino el trabajo. Ya es la hora de cenar. Caliento una pizza en el horno eléctrico. Pido al DJ automático del ordenador que seleccione una música adecuada a mis gustos y situación. Selecciona una sinfonía de Beethoven, como casi siempre, ha acertado.
Después de comer me abandono a una película de acción con muchos efectos especiales, sin sentido alguno. A las once y media el sistema de notificaciones automáticas me recuerda que ya es hora de ir a la cama. No tengo mucho sueño, pero tampoco ningún interés en seguir despierto.
Me meto en la cama satisfecho, ha sido un día interesante y productivo, sin embargo, siento ciertos remordimientos por haber tenido que cancelar la partida al Call of Duty.
Un día cualquiera
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