Vídeo: Fear & Hate

votar

Lo prometido es deuda, aquí tenéis el vídeo, recién salido del horno:


Nuevo Stencil en Pared: Fear & Hate

votar

Pues sí, después de algún tiempo sin hacer nada callejero hemos vuelto a pintarrajear una pared, esta linda parejita es el resultado:

"Fear & Hate"

En breve, el vídeo.

Otro corto ¿o videoclip? magnífico: Masquerade

votar

Bueno, tras el excelente corto al estilo Muto Simpler, ahora os traigo otro corto genial, esta vez utilizando la técnica de animación 3D propia de la factoria Pixar y también con una canción como soporte del hilo conductor: Masquerade



El autor es Aziz Kocanaogullari, y podéis disfrutar de otros de sus trabajos visitando su web.

Anuncios de coches

votar

Audi y BMW, las dos grandes marcas del sector (junto con Mercedes) y las que siempre han mostrado una sensibilidad especial a la hora de vender sus productos con anuncios realmente magníficos:

Des del célebre: ¿Te gusta conducir? de BMW



Pasando por la maravilla en que se cita a Asimov:



Y llegando al más reciente de Audi:



Estas marcas desde hace tiempo nos han ofrecido pequeñas maravillas comprimidas en treinta segundos.

Caperucita y el caballo (2/2)

votar

-¿Otra vez aquí?-le preguntó el fornido hombre de color que acababa de abrirle.
-Sí, otra vez aquí. -respondió con picardía.
-¿Y qué quieres? ¿Lo mismo de siempre?
-Lo mismo.-respondió la adolescente, esta vez con una insolencia natural.
-Supongo que hoy sí traes el dinero, ¿no?
-La verdad es que esta vez tampoco he podido conseguirlo.
-Sabes que aquí sólo se fía una vez...
-Eso dijiste, pero creí que quizá podrías hacer una excepción.-le respondió poniéndose coqueta.
-¿Y eso por qué debería hacerlo? ¿Por qué me miras con esos ojos tan grandes? ¿Por qué me pones morritos con esos labios tan carnosos? No creo que sean suficiente esas artimañas de niña consentida...
-No sé.-respondió la adolescente mientras sonreía y se le acercaba... mientras intentaba no parecer muy desesperada- pero de camino a este piso he pensado que, si no querías volver a fiarme, quizá podríamos llegar a algún tipo de acuerdo...

El negro sonrió, luego miró de arriba abajo a la colegiala, cuya sonrisa había desaparecido de su rostro y ahora le miraba fijamente mientras mordía con aparente lascivia su labio inferior. La sonrisa del chico creció hasta mostrar toda su dentadura.

-Así que, ¿crees que podremos llegar a un acuerdo?-le preguntó Claudia mientras le daba la espalda y se quitaba sus braguitas rojas de fino encaje, dejándolas caer hábilmente por debajo de la falda.

Un silencio tenso se apoderó de la sala, al que la chica respondió agachándose un poco más, recogiendo un poco el trapito que cubría sus piernas, mostrando algo más que sus muslos y mirando con lujuria al chico.

El joven, finalmente, no pudo más que asentir sin que su sonrisa desapareciera de su boca, se dirigió a la mesita, sacó todo lo necesario y, mientras preparaba la goma y la jeringuilla, miró a la joven y le preguntó:

-¿Qué excusa has dado esta vez a tus padres?

La colegiala, con una sonrisa pícara en la boca, respondió:

-Les he dicho que iba a visitar a la abuelita.

Blek le RAT

votar

Mucho he tardado en rendir un pequeño homenaje al pionero de eso de trastear con plantillas. Posiblemente, porque no es de mis favoritos, pero supongo que es justo reconocerle el mérito a este francés que allá por el 1983 empezó a "ensuciar" las paredes de Paris con su obra.

He aquí una muestra de su trabajo en imágenes:


y otra muestra en vídeo:







¡Qué lo disfruten!

Caperucita y el caballo (1/2)

votar

“Sólo es un atajo”. Fue lo último que le dijo a su amiga mientras se despedía agitando su mano, con una tierna e inocente sonrisa dibujada en su rostro. “Tan sólo es un atajo”. Repitió, mientras se perdía entre los callejones, al ver que la cara de incredulidad de su amiga no desaparecía.

Y entonces, una vez hubo dejado atrás a su compañera, con su pesada mochila llena de libros de texto de asignaturas que hacía tiempo que habían dejado de interesarle a su espalda, empezó a encadenar esquinas. Las calles se volvieron más estrechas, más húmedas, más sucias. El ambiente era cada vez más denso y, poco a poco, lo que en un principio era un olor incómodo se convirtió en un hedor nauseabundo. Y es que, sin duda, la humedad y los desperdicios no ayudaban a hacer más respirable la atmósfera de una calle angosta y permanentemente en la penumbra.

Sin embargo, eso no frenó a la joven que siguió caminando con paso decidido, y es que conocía muy bien ese atajo. Siguió cruzando portales, sumergiéndose en ese mundo que parecía tan poco apropiado para una jovencita que vestía aún uniforme de colegiala, su uniforme de colegio pijo y caro, con su chaquetita azul oscuro y su falda de cuadro escocés que se mecía a cada paso que daba, insinuando unas piernas bien torneadas pese a su esbelta, joven y deseable figura.

Y de este modo siguió adentrándose hasta cruzar el portal de uno de esos edificios ruinosos. Parecía claro que en su idea de atajo ese sitio no era precisamente de paso.

Cruzó el vestíbulo, obviando las pintadas de sus paredes, subió tres pisos, por las escaleras, sin prestar atención a los estragos hechos por la humedad. Y, una vez hubo subido esos tres pisos, llamó a la puerta de uno de los apartamentos.

Unos pasos pesados, cansados, se oyeron al otro lado. La puerta crujió cuando su dueño se apoyó en ella antes de preguntar:

-¿Quién es?
-Soy Claudia, ábreme.

Al otro lado se oyó como se corría una cadena y dos llaves giraban, luego, la pesada puerta de madera se abrió mientras emitía un sonido incómodo, muy agudo. Claudia entró y la puerta se cerró a sus espaldas repitiendo el mismo chillido.

Blanca y el cristal (3/3)

votar

Y pasaron las semanas, pasaron los meses, y la pequeña Blanca permanecía cada vez más tiempo despierta, con su corazón cada vez más alterado, más acelerado, la noche era suya. Pero cuanto más tiempo permanecía despierta, menor era el placer que experimentaba. Poco a poco, fue olvidando esas noches de frenesí, esas noches en las que era el centro del universo, pero nunca olvidó las sensaciones que ese polvo mágico le proporcionaba y que parecía que últimamente le regateaba. Pero a pesar de eso, nunca lo abandonó, pues la necesidad se mezclaba con la esperanza y juntas componían su adicción.

Con el tiempo, su aspecto empezó a padecer las consecuencias. Mientras estaba bajo los efectos del fino cristal su cuerpo se deshidrataba, pero no se acordaba de beber, también se olvidaba de comer. Y eso lo padecía su piel y lo padecía su boca. Su piel, antes tersa y brillante, se secaba hasta parecer ceniza, le picaba, y por eso se rascaba hasta producirse eccemas. Su boca también padecía los efectos de la deshidratación. Sus encías se debilitaron hasta que todos sus dientes empezaron primero a bailar y luego a caerse. Su aliento empezó a emanar un hedor putrefacto por culpa de las bacterias que consumían sus encías. Por otro lado, los efectos de la inanición se notaron en sus agradables formas, que poco a poco fueron menguando. Su cara también acusó esos efectos y todos sus rasgos se acentuaron. En poco tiempo, la bella y dulce Blanca, había pasado de ser una hermosa joven de diecinueve años, a aparentar ser una mujer de cuarenta a la que el paso del tiempo no la había tratado precisamente bien.

Blanca entró en una espiral sin salida, un exceso tras otro, todo con el objetivo de saciar su ansia. Después de su cuerpo, su mente fue la que sucumbió. Primero llegó la paranoia, después, esos enanitos la empezaron a visitar cada noche, pequeños, perversos, fúnebres, mal intencionados y ariscos. Esa fue la primera de muchas alucinaciones, pero ni tan siquiera estas consiguieron que se decidiera a afrontar el problema. Para Blanca, no hubo príncipe azul que la rescatara, y es que su adicción necesitaba de algo más que un beso para sanarla.

Y, mientras tanto, su hermana, la pequeña bruja, miraba con satisfacción y sin remordimientos en lo que se había convertido. Remordimientos que no sentía pese al sufrimiento de sus padres, del resto de la familia y de sus amigos, pese al sufrimiento de la pequeña y frágil Blanca, pues ella necesitaba la satisfacción de la venganza, necesitaba aliviar ese resquemor que la torturaba, necesitaba mirarse al espejo que la atormentaba con su silencio y decirle: “ahora sí que ella no tiene nada que yo no tenga”. Más allá de eso, nada le importaba.

Rascando la superficie.

votar

Bueno, mientras terminamos de pulir nuestros propios trabajos, vuelvo a recurrir a youtube para mostraros otra pequeña joya:




Realmente el efecto que se consigue es espectacular.

Blanca y el cristal (2/3)

votar

Mientras la tuvo a su lado vivió en un estado permanente de celos, unos celos que la atormentaban. Unos celos que por las noches se alojaban en su bajo vientre y le producían un resquemor insoportable que parecía consumirla. Nunca consiguió algo de paz hasta que se alejó de su hogar, hasta que se fue a la universidad.

Y mientras ella estudiaba, la pequeña Blanca siguió viviendo en ese pequeño paraíso particular donde una sonrisa pagaba cualquier cosa. Un paraíso que escondía su maldición en la envidia que despertaba en su hermana, pues ella era una princesa y la otra una bruja .

Y, cuando después de dos años Blanca acudió a la misma facultad que su hermana, esa envidia contenida volvió, y luego creció y creció en su corazón. Un corazón que se volvió oscuro, negro. Un corazón que empezó a albergar malas intenciones. Unas intenciones que, por primera vez en su vida, podía materializar.

Blanca era joven, inocente, cándida y agradable. Ella ya era una mujer hecha y derecha, una mujer que necesitaba la satisfacción de la venganza. Y, con sus pérfidas intenciones escondidas bajo el disfraz de una falsa amabilidad, esperó su oportunidad.

Esa oportunidad llegó el primer jueves que Blanca salió de fiesta, una vez la pequeña e inocente princesita hubo sucumbido a los encantos de Dionisio. Fue entonces cuando se le acercó y le tendió su regalo envenenado, fino cristal. Pese a las advertencias de su padres, Blanca no pudo negarse, ni tan siquiera fue capaz de apreciar el menor atisbo de malicia en los ojos de su hermana.

A partir de ese día, Blanca empezó a pasar más y más días sin dormir. Ese pequeño polvo mágico le hacía creer que era capaz de todo, que no necesitaba el descanso. Siempre tenía energía, siempre estaba alegre, siempre quería más y más fiesta. Simplemente todo era fantástico, y, por primera vez en su vida, veía como su hermana quería participar de su alegría. Siempre que se la encontraba de fiesta la recibía con una sonrisa, una sonrisa completamente honesta en su boca.

Arte urbano en la Europa del este.

votar

Trasteando por youtube he encontrado este video con arte urbano del sencillo y directo que puebla las calles de algunas de las exrepúblicas soviéticas. Algunos de ellos no tienen desperdicio.


Blanca y el cristal (1/3)

votar

Ésta es la historia de dos hermanas. Dos hermanas que tuvieron una suerte dispar. Una de ellas, la menor, nació con todas las gracias. Desde su más tierna infancia todo el mundo la comparó con una fina muñeca de porcelana. Era bonita, pero parecía frágil, y por eso despertaba en todo aquél que se le acercaba un extraño instinto de protección. Desde su más tierna más tierna infancia, nunca nadie supo negarle nada, pues, además, era una chiquilla que lo pedía todo con una sonrisa en los labios, con una amabilidad innata, era una princesita. Blanca, se llamaba.

Sin embargo, el destino parecía haber sido tan cruel con la mayor como generoso lo había sido con la pequeña. Y es que la hermana mayor carecía de todo atisbo de virtud. Físicamente, su rostro no poseía ni uno solo de los rasgos agradables de su hermanita. En vez de tener una nariz menuda y ligeramente chata, la suya era grande y afilada. Sus labios tampoco eran breves y carnosos, sino finos e inexistentes. Su mirada era dura y distante, en vez de cálida y cercana. Ni tan siquiera su cuerpo, una vez llegada la pubertad, cambió como lo hizo el de su hermanita. Ella no adquirió esas formas ligeramente voluptuosas y deseables que hacían que todos los chicos desviaran su mirada al pasar a su lado. En vez de eso, siguió siendo el mismo palo de escoba que había sido desde siempre: plana, rígida y delgada, un cuerpo que le confería una apariencia andrógina, incómoda. Por no haber sido agraciada, ni tan siquiera le concedieron la virtud de la amabilidad y la simpatía, pues siempre fue soberbia y estirada. Ya en el colegio le atribuyeron el apodo de bruja por su aspecto, un apodo que la persiguió en el instituto debido a su mal carácter.

De modo que, como podéis imaginar, la hermana mayor siempre sintió una envidia enfermiza por Blanca, y es que siempre estuvo a su sombra. Siempre recibió los desprecios mientras su hermana cosechaba halagos. Por cada rechazó que ella sufría, un apuesto galán adolescente llamaba a la puerta de su hermanita. Siempre se miraba al espejo y le preguntaba: “dime, ¿qué tiene ella que no tenga yo?” Y, cada vez que lo hacía, obtenía el silencio por respuesta.

Reflejos (5/5)

votar

Llegó a la comisaría y le comunicaron lo que ya esperaba. En los últimos meses el cerco se había hecho cada vez más y más pequeño. Ese día ya disponían de la suficiente información como para realizar una redada y el juez ya había firmado la orden. Reunió a su grupo, les comunicó el plan de actuación y se dirigieron al piso del presunto psicópata.

Una vez allí, fue él quien abrió la puerta tras gritar el tercer aviso. Fue el quien entró con paso decidido. Fue el quien, en ese momento recordó, su última pesadilla. Recordó como la cochambrosa chabola donde, en su sueño, el psicópata esperaba la irrupción de la policía, poco tenía que ver con el majestuoso ático del que acaba de tirar abajo la puerta. Recordó como los montones de basura y cajas apiladas nada tenían que ver con los lujosos muebles que decoraban el inmueble. Antes de irrumpir en la habitación donde esperaba encontrar el asesino, también recordó que la perspectiva no era exactamente la misma. En su sueño veía como el psicópata recibía, en sus propias carnes, el impacto de la bala. Y eso, justo antes de abrir la puerta de la habitación, lo reconfortó. Por un momento, tuvo la absoluta seguridad que ese bastardo recibiría su merecido y sus pesadillas terminarían. Con esa convicción pateó la puerta, ésta cedió, y nada más golpear contra la pared, un sonido hueco ahogó su repicar, el sonido de un disparo.





El detective Johnson despertó de repente empapado en sudores fríos. Salió de la cama y se sirvió un café amargo. Ese día todo iba a terminar. Un disparo, ese sería el fin. El detective recibiría el disparo y con eso todo habría acabado, todas las pesadillas, todas las noches en vela, esa sería la última. El único problema estribaba en que él era detective, la única esperanza se encontraba en que, en su sueño, él era quien sujetaba el arma. Era él quien abatía a ese detective de aspecto rudo y curtido, y era él quien después huía saliendo por la terraza, atravesando el baño y sus mármoles. Y sabía que era él, porque en su huida se veía reflejado en el espejo del lavabo.

Simpler

votar

¿Os acordáis del vídeo de Muto? Pues ahora os traigo un video similar, un vídeo tan similar que en la web se ha creado cierta controversia para dilucidar el autor, ya que algunos piensan que es obra del propio equipo de Blu y otros atribuyen la obra a Lucinda Schreiber.

Más allá de quien sea el autor, yo sólo os puedo instar a que lo disfrutéis, porque es una maravilla:



Reflejos (4/5)

votar

Pasaron meses antes de que la escena se repitiera, otra pesadilla, otra fulana barata, otro caso, otra escort de lujo. Unos pocos menos después, el asunto volvía a repetirse: el siguiente asesinato y la siguiente pesadilla. Cada vez la escena se fue volviendo más familiar, cada vez más macabra. Llegó a acostumbrarse a esa sucesión de hechos sin sentido. A esas pesadillas cada vez más reales, más creíbles, más brutales. A esos casos cada vez más truculentos.

Cada vez tardaba menos en apartar de su mente las pesadillas y las muertes, cada vez asociaba con mayor facilidad todos esos casos a una casualidad imposible. Consiguió asumir como algo natural lo que le sucedía, el autoengaño era su protección ante la locura. Y cuanto más fácil olvidaba y superaba cada pesadilla, mayor era la frecuencia con que se sucedían los crímenes, menor era el tiempo que transcurría entre pesadilla y pesadilla, y, pese a superarlos cada vez con mayor facilidad, pese a haber conseguido educar su mente para superarlo en pocos días y centrarse en su trabajo, pese a conseguir alejar las posibles paranoias, su primera reacción, su primer impulso, sobre el que no tenía ningún control, era levantarse empapado en sudores fríos, acompañado de una intensa angustia.

En total fueron dieciséis pesadillas, dieciséis prostitutas muertas, y entre todas ellas, sólo la última le había traído algo de paz en medio de ese infierno que era su mente. Lejos quedaba ese 14 de marzo de 2005. Lejos quedaban sus primeras paranoias. Lejos quedó la tentativa de entregarse por unos crímenes que no había cometido. Y es que siempre creyó que la cárcel era algo que podría soportar, pero no así el manicomio. Y por fin, ahora, cuatro años después todo terminaría.

¿Quieres un caramelo?

votar

Nada más pisar el vestíbulo supe que ella estaba en casa. Su chaquetita verde, colgada en el perchero, así lo atestiguaba. También supuse que había llegado antes de que empezara a lloviznar, pues el paragüero estaba vacío. Ser consciente de que ella volvía a estar en casa encendió mi ansia.

Cada vez que me la encontraba sucedía lo mismo. Su mirada ingenua, su cuerpo frágil, su sonrisa cándida, sus respuestas inocentes y el absoluto desparpajo con el que trataba todo cuanto estaba a su alrededor despertaba mi deseo, el deseo más intenso que jamás he conocido. Era como una fina muñeca de porcelana, pura y limpia, y precisamente por esto tenía que ser mía, precisamente por eso quería poseerla.

Antes de subir al piso de arriba esperé un poco, apacigüé mis impulsos, y, una vez más calmado, me dirigí al salón. Al entrar me saludó con su alegría característica, se acercó a mí y extendió su mano. Yo sonreí, puse las manos en mis bolsillos, saqué un caramelo y se lo le dí. Ésta era la costumbre, nuestra costumbre. Luego se volvió y se fue, retomó sus asuntos. Yo me aposenté en el sofá y encendí la televisión, pero seguí contemplándola por el rabillo del ojo. Fuera, la llovizna se había convertido en una intensa tormenta de primavera.

El cielo había ennegrecido, los rayos y truenos se sucedían, y el agua, poco a poco, fue anegando calles, plazas y jardines. Mientras el agua repicaba con fuerza contra los cristales de la ventana, sonó el teléfono, al tercer tono mi mujer respondió. Al cabo de tres minutos cruzó la puerta del salón, se acercó y me dijo:

-Los padres de María no pueden venir a recogerla y me han pedido si podría acercarla a su casa. Ahora ando algo atareada con la cena, ¿te importa acompañarla?

Yo asentí sin pensarlo, mi corazón empezó a latir con más intensidad, me levanté, cogí mi abrigo, las llaves, y, con toda la dulzura de la que fui capaz, llamé a la pequeña María.

-Es hora de volver a casa, que mañana tienes que levantarte temprano para ir al colegio, ¿verdad?

Ella asintió con una sonrisa, tan dulce como irresistible, recogió sus cosas, se despidió de Carla, mi hija, y se reunió conmigo en la puerta. Ni un sólo lamento, ni una sola queja... es una niña tan dócil.

De eso hace ya veinte minutos. Ahora me encuentro junto a ella, solos, yo, ella y mi deseo; dentro de un coche con el motor encendido y las luces apagadas, perdido en la oscuridad, en medio de la tormenta. Ella me mira con ojos confusos, yo le sonrío y, como tantas otras veces, vuelvo a preguntarle:

-¿Quieres un caramelo?

Reflejos (3/5)

votar

Ese día llegó algo aturdido a comisaria. Era obvio que había descansado mal, pero lo que le abstraía era cuan realista había sido ese sueño. Por momentos llegó a estar tan pendiente de sus pensamientos que ni tan siquiera se inmutó cuando le otorgaron un caso nuevo. Debía investigar un asesinato, el asesinato de una prostituta de lujo. El asesinato se había cometido en el Hilton.

Llegaron al hotel alrededor de las diez. El homicidio había tenido lugar en una habitación del octavo piso. Nadie había notado nada extraño hasta que las encargadas de la limpieza descubrieron el pastel. Eso había ocurrido alrededor de las siete y media de la mañana. Seberg apuntó con diligencia estos datos y preguntó por las cintas de las cámaras de vigilancia. Al mismo tiempo pidió una copia del registro.

A llegar a la escena del crimen no pudo evitar sobrecogerse debido a la enorme brutalidad y ensañamiento que se había empleado. La chica estaba postrada de rodillas en la cama, con la cara apoyada en la almohada, boca abajo. Los brazos extendidos paralelos al cuerpo con las palmas de las manos hacia arriba. El culo levantado y completamente desnuda. La sangre había manchado toda la habitación llegando a salpicar las paredes. La chica había sido vaciada. Todo parecía indicar que habían utilizado un cuchillo de tamaño considerable y lo habían introducido con fuerza en su vagina, destrozando en el proceso todo su bajo vientre. Luego posiblemente el asesino habría esperado que la chica muriese desangrada acompañada de un dolor difícilmente imaginable.

Seberg, una vez anotadas estas primeras impresiones se acercó a la chica. Observó como muy posiblemente hubiese sido amordazada, ya que tenía marcas en ambas mejillas. Una vez el cadáver fue fotografiado desde todos los ángulos posibles, ordenó el levantamiento del mismo. En ese momento vio la cara de la víctima. Era la chica de su pesadilla, la pesadilla de la que había conseguido abstraerse centrándose en su trabajo. Aún conmocionado e intentando negar lo que estaba sucediendo, se dirigió al bolso de la chica en busca de algo que le confirmase que todo eso era fruto de su cabeza, una paranoia. Finalmente encontró su cartera. El asesino no la había tocado. Había alrededor de cuatrocientos euros, también estaba allí su documentación. Se llamaba Natasha Volkova. En la cartera también había una tarjeta de trabajo. Pertenecía a una agencia de acompañantes. Quedaba claro que la chica era una puta de lujo.

La angustia carcomió a Baptiste. Consiguió aguantar el tipo a pesar de todo. Al llegar a casa, esa noche lo primero que hizo fue tomarse cuatro tranquilizantes suaves. Fueron demasiado suaves. Esa noche no consiguió conciliar el sueño. Intentó autoconvencerse de que todo había sido una casualidad macabra. No lo consiguió. Esa fue una noche muy larga.

Video Stencil Lauren Bacall

votar

Y como en la anterior entrega del monográfico, aquí os dejo el video donde se puede ver como se compone la imagen:




Anteriores entregas:

1. Jean Seberg
.

Reflejos (2/5)

votar

Se encontraba en un callejón oscuro de lo que debía ser un barrio alojado en los suburbios. Paseaba en medio de la inmundicia. La basura se amontonaba alrededor de los contenedores repletos. Los vagabundos dormían entre cartones y las ratas correteaban, con total libertad e indiferencia, de un lado a otro. El escaso alumbrado que aún funcionaba tiritaba, como intentando alargar sus últimos destellos. Y la humedad, acompañada del hedor de lo putrefacto, hacían creer que la primera reacción de cualquier persona sensata hubiese sido retroceder. Sin embargo, Baptiste seguía avanzando, doblando esquina tras esquina, atravesando callejones similares uno tras otro hasta llegar a la antigua zona portuaria adyacente al polígono industrial obsoleto. Una zona absolutamente marginal donde cada noche se acercaban a ejercer la colección más variada de furcias baratas.

Podías encontrar de todo, desde cincuentonas, con el pescado pasado y los pechos caídos, a transexuales mal operados, pasando por jovencitas de europa del este, la mayoría sin papeles, que debían ejercer en tan deplorable situación tras caer en manos de alguna mafia que después las hubiese cedido a algún chulo de poca monta. Lo más seguro es que la mayoría de ellas hubiesen sido abandonadas a esta suerte tras contraer el VIH y ya no ser útiles para realizar servicios de mayor calidad. Otras, quizá estuviesen tan enganchadas al caballo o a la coca que ya casi no sirviesen ni para pagarse el mono.

Baptiste se acercó a una de las jovencitas. No debía tener más de veintidós años. Aparentemente no era una putilla para moverse en esos ambientes. Era una chica realmente atractiva, que de no ser por alguna magulladura, moratón y quemada de cigarrillo, hubiese sido material de primera para servicios de alto stánding. Seberg no apreció marcas de jeringuilla. La muy zorra debía ser una sidosa. Se llamaba Natasha.

No tardaron mucho en arreglar un precio satisfactorio y se fueron a un lugar apartado, lejos de los ojos de posibles curiosos. Entonces le pidió a la chica que le diese la espalda y le mostrase el coño. Él hacia como que se bajaba los pantalones, pero en realidad metía la mano en el interior derecho de su chaqueta y sacaba un machete. Tras posar una última mirada, que bailaba entre el desprecio y la lascivia, en el culo, abierto en pompa de la muchacha, afianzaba con fuerza el cuchillo en sus manos y se lo metía con fuerza, hasta el fondo.

Al primer alarido de la joven Baptiste despertó. Esa fue la primera noche que se despertaba con sudores fríos.

Monográfico: Lauren Bacall

votar

Segunda entrega del monográfico retratos de actrices del siglo XX en esténcil. Esta vez es el turno de Lauren Bacall:


Betty Joan Perske (nacida el 16 de septiembre de 1924), mejor conocida como Lauren Bacall, es una actriz del cine clásico estadounidense ganadora de los premios Globo de Oro y Tony.

Estudió en la American Academy of Dramatic Arts (Academia Americana de Artes Dramáticas) y debutó como actriz en Broadway en 1942. Hizo su debut en la gran pantalla en 1944. Hija de inmigrantes judíos radicados en New York- EE.UU; a los 15 años ingresó a la Academia Americana de Artes Dramáticas. Para costearse sus estudios trabajó como modelo y linternista en un cine. A los 19 años apareció en la portada de una prestigiosa revista de modas, la Harper´s Bazar que fascino al deirector Howard Hawks quien la incluyó en un elenco junto al consagrado Humphrey Bogart en el film To have and have not que la catapultó al estrellato. Se casó con Humphrey Bogart con 21 años y permaneció a su lado hasta que este murió de cáncer 12 años después.

La primera película de Bacall fue en 1944: Tener y no tener (To Have and Have Not), de Howard Hawks, en la que aparece con Humphrey Bogart. También aparece con Bogart en The Big Sleep (El sueño eterno) (1946), Dark Passage (Pasaje Oscuro) (1947), and Key Largo (Cayo Largo) (1948).

Algunas otras de sus películas son: How to Marry a Millionaire (Cómo casarse con un millonario, 1953) con Marilyn Monroe, Written on the Wind (Escrito en el viento, 1956) con Rock Hudson y Harper (1966) con Paul Newman.

Convertida ya en una vieja gloria de la época dorada de Hollywood, a partir de la década de 1970 fue espaciando sus trabajos. Participó en la superproducción de intriga Murder on the Orient Express (Asesinato en el Expreso de Oriente, 1974) con Angela Lansbury y muchas otras estrellas.

Sus trabajos más recientes incluyen Misery (1990) con James Caan y Kathy Bates (que ganó un Oscar), Prêt-à-porter de Robert Altman, Diamonds (1999), Dogville (2003) de Lars von Trier y una película rodada en Mallorca: El celo, inspirada en Otra vuelta de tuerca de Henry James. Esta película la dirigió Antoni Aloy y contó también con Harvey Keitel.
Lauren Bacall fue nominada al Oscar como Mejor Actriz de Reparto (Best Supporting Actress Academy Award) por su papel en The Mirror Has Two Faces (1996), filme dirigido por Barbra Streisand.


Anteriores entregas:

1. Jean Seberg

.

Reflejos (1/5)

votar

Se despertó de repente, sudoroso, agitado y confuso. Había vuelto a suceder otra vez, como tantas otras noches una pesadilla le había sacudido hasta forzarle a abandonar su apacible descanso. Aunque esa madrugada algo había cambiado, algo era distinto, lo notaba, no, más bien lo sabía. Una vez recompuesto, consciente de donde estaba, esbozo una leve sonrisa, mientras, casi al unísono, un escalofrío recorría todo su cuerpo. Sabía que, para bien o para mal, ese día iba a cerrar el caso. El caso más complicado que jamás había llevado. Eso lo llenó de satisfacción, aunque no pudo evitar sentir cierto temor ante la incertidumbre asociada a sus cada vez más frecuentes pesadillas.



El detective Seberg siempre había sido un hombre de costumbres. Su apariencia ruda junto a sus modales secos y austeros actuaban como coraza y protección frente al peligroso mundo que le rodeaba. Pero debajo de esa fachada se escondía un hombre meticuloso hasta el extremo, un maniático. Un tipo amante del más absoluto orden, tremendamente disciplinado y escrupuloso en su trabajo cuya única afición conocida era su pasión por el Jazz.

Esa era la auténtica personalidad de Baptiste Seberg, la que se escondía tras una imagen deliberadamente dejada y lo que le había permitido trepar a una velocidad vertiginosa en la jerarquía del departamento hasta convertirse en uno de los detectives más jóvenes de la historia de su distrito, pero de eso ya hacía unos cuantos años.

Precisamente debido a este carácter, absolutamente pragmático, la primera vez que sucedió, Baptiste se estremeció, por primera vez en toda su carrera había presenciado algo a lo que su mente lógica no podía encontrar una explicación plausible. Vio su mundo temblar y llegó a sentir auténtico miedo, pánico, mejor dicho. Lo que sucedió ese 14 de marzo de 2005 era algo que no podía encajar en la cuadriculada mente del inspector. La noche anterior había tenido la primera pesadilla.

Dolk

votar

Turno para este gran artista, no tan conocido como Banksy, no tan depurado como Nick Walker, pero que logra un equilibrio en sus obras entre la imagen y el contenido superior a la de ambos. Como siempre, voy a ser breve y a dejaros disfrutar de su obra:



Aquí os dejo también, y como en el caso de C215, el enlace a su flickr:

DOLK'S FLICKR

Y antes de terminar, mención especial a mi obra favorita de este artista:

"Grenade Lovers"

Nacionalismos (2/2)

votar

Y es que hoy ha explotado otro coche bomba, con lo que otra tregua termina. Mañana ETA reivindicará el atentando, quizá esta tarde, se les llenará la boca de bonitas palabras: “el enemigo opresor”, “el derecho del pueblo vasco a la independencia” y “la necesidad de la lucha y ciertos sacrificios para reclamar y conseguir lo que es suyo por derecho”.

Por la tarde, tras unas breves condolencias a las víctimas, el presidente del gobierno mencionará la importancia de la unidad, apelará a los colores y a la bandera.

En ambos casos, se les llenara la boca con la misma mierda. Todos hablarán de patria cuando en realidad piensan en poder y, mientas tanto, como mínimo, tres nichos esperan inquilino.
Los criminales se apoyan en el nacionalismo para cometer grandes barbaridades, mientras el gobierno recurre a lo mismo para cometer pequeñas injusticias.

Y, mientras, yo tengo que contemplar, atónito, algo que parece tener su lógica, pero que nunca llegas a comprender, viéndolo desde la barrera, viéndolo de lejos, esperando no tenerlo nunca cerca. Tengo que ver como los diferentes tipos listos, vestidos con diferentes trajes (presidentes, políticos, terroristas o cabecillas de grupos radicales) rigen sus pequeños feudos de influencia mientras hablan de patria y piensan en poder.

Y tengo que verlo esta tarde de sábado, porque esta tarde quería ver la televisión, y lo cierto es que pongas el canal que pongan no hacen nada más. Por mucho que la programación habitual sea una basura, al menos me entretiene, hoy quería ver algo de esa basura, y lo cierto es que gracias a ese gran acto de amor a la patria, me voy a tener que joder. Y por eso ahora me dirijo a ti, ese tipejo que prefería ser despreciable a no ser nada: ¿no podían haberte metido la bomba por el culo? Y es que, quizá, de ese modo, las noticia se hubiese convertido en una mera anécdota, un anécdota con la que se podría bromear, una anécdota con la que me podría reír, y una anécdota que, en definitiva, no me habría jodido esta tarde del sábado.

Nacionalismos (1/2)

votar

Ver un conjunto de gente emocionarse al ver ondear una bandera me puede llegar a parecer algo entrañable. Ver gente dispuesta a luchar, pelear e incluso matar y morir por los colores que tiñen un trapo me parece algo triste, triste y ciertamente curioso.

En el fondo, supongo que me parece más curioso que triste. Porque el nacionalismo y el sentimiento patriótico realmente es el algo fascinante, tanto por su estupidez manifiesta, lejana a cualquier impulso racional, como por su enorme capacidad de persuasión y seducción.

El deseo de pertenecer a algo más grande supongo que es lo que nutre ese sentimiento. La necesidad de respaldo, el sentirse rodeado, el sentirse más fuerte, más valiente, supongo que llega a justificar que en alguien florezca ese sentimiento de apego desmesurado a unos símbolos que muchas veces ni se molestan en entender.

Y para sentirse superior debe haber algo a lo que considerar inferior, estúpido, mediocre y prescindible, aunque ese algo sea el reflejo de uno mismo enfundado en otros atuendos.

Supongo que es lógico que más intenso sea tu amor a la patria y odio a todo lo demás cuanto más cobarde, insignificante y mediocre te creas, pues entonces tu necesidad de apoyo y respaldo será mayor. Es comprensible que cuando alguien cree no ser nada, un deshecho, un desperdicio, desee convertirse en algo, por poca cosa que sea, porque ser algo es mejor que no ser nada. En el fondo, quizá no exista nada de curioso en que alguien prefiera ser despreciable a insignificante, temido y odiado a ser un cobarde. Y en un mundo donde el sentimiento de mediocridad puede llegar a asfixiar a más de uno, supongo que es relativamente sencillo que aparezca un pequeño puñado de tipos listos capaces de hacer bailar, como hábiles titiriteros, a ese grupo de pobres infelices.

La semilla del odio germina rápido, y es más fácil odiar a todos los demás que odiarse a uno mismo.

Supongo que al final la cosa de curiosa tiene poco, y es, simple y llanamente, triste.

C215

votar

Hoy toca poner video de otro virtuoso del esténcil. El escogido es C215. Un parisino cuyo nombre real es Chris y que inunda las calles con trabajos de gran calidad, para muestra, un botón.



Y para que podáis disfrutar de sus trabajos con mayor calma, aquí os dejo el enlace a su flickr.

flickr C215

.

Cartel Fiestas

votar

Cartel presentado al concurso de las fiestas d'Ivars:

Video Stencil Jean Seberg

votar

Video donde pueden apreciarse las diferentes capas que componen el esténcil de la primera entrega del monográfico de actrices del siglo XX.


Onanismo

votar

Simplemente se masturbaba. Para él, el sexo, era un mastodóntico acto de onanismo. Un acto que empezaba y terminaba en él. Porque cuando se masturbaba pensaba en él, sólo en él. Pensaba en el relamiéndose. Pensaba en él practicándose a sí mismo una felación. A veces, incluso, se había llegado a masturbar pensando que una copia idéntica de él, más exacta que un clon, le sodomizaba, otras veces, pensaba justo lo contrario.

En ocasiones, ni tan siquiera necesitaba su imaginación. Sólo con contemplarse frente al espejo tenía suficiente. Se miraba fijamente a lo ojos mientras repetía ese mismo movimiento, arriba y abajo, controlando la fuerza con que apretaba su miembro, controlando el ritmo, primero con suavidad, lentamente, luego aumentaba la frecuencia, también la presión, finalmente, cuando quería eyacular, cambiaba ligeramente el agarre, ejerciendo más presión con la punta de uno de sus dedos. De eso era de lo único que se preocupaba, de ejecutar la técnica con exactitud y precisión, pues su propia imagen era suficiente para excitarle.

Había pensando muchas veces en ello, se había planteado muchas veces si era homosexual. Cada vez que pensaba en ello llegaba a la conclusión que entonces, si hubiese nacido chica, hubiese sido lesbiana. Y es que nada más le excitaba, sólo él, sólo su cuerpo, sólo su propio deseo y fantasia, que volvían a regodearse y recaer sobre sí mismo.

No, no era homosexual, ni heterosexual, ni tan siquiera bisexual, simplemente era: egosexual.