El rey de California

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El oro de Mos... California (7).

Después de ver esta película puedo afirmar que los videoclubs aún tienen su razón para existir. Y es que difícilmente me hubiese acercado a esta producción si no fuese porque fue lo único que me pareció medio interesante en uno de estos establecimientos... y la verdad es que mereció la pena.

Resumiendo de un modo rápido lo que ofrece esta producción podría decir que sigue los cánones de las últimas comedias de éxito del cine independiente norteamericano. Es decir películas que cuentan historias de personajes peculiares, cuya acción transcurre ambientada en la clase media-baja de la sociedad norteamericana y donde el argumento busca con el mismo ahínco la sonrisa que la ternura. Y la verdad es que como en otras películas sin duda más reconocidas como “Entre copas” o “Little miss sunshine”, lo consigue.

Y si la película consigue transmitir tan bien su mensaje, sin duda es gracias a las excelentes actuaciones de Michael Douglas, como padre irresponsable, mentalmente inestable, pero afectuoso y Evan Rachel Wood, quien pese a que su padre ha llegado un momento que parece ser más un lastre que una referencia, trata de apoyarle.

Una película que más allá de la trama del hilo conductor, con la búsqueda del oro español como eje principal, trata sobre el amor y el respeto que existe en una relación padre e hija. De la necesidad de marcarse metas en esta vida, por ridículas que le puedan parecer al resto del mundo y de la necesidad de creer y apoyar a los tuyos. De que pese a que la madurez parezca ser el contrapunto natural a la libertad y la fantasía, quizá no se pueda vivir sin ilusiones, aunque sean a veces estas ilusiones se reduzcan a metas tan pragmáticas como un lavavajillas.

Una película tierna, divertida, ligera y breve, pero aún así mucho más rica y recomendable que obras presuntamente más sesudas.

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Identidad (Ilustrada)

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Recupero un texto que colgué hace tiempo en este blog. ¿El motivo? La ilustración realizada por mi hermano:


Viste mallas ajustadas, unas rejillas raídas, hechas trizas. Una camiseta de rayas negras y rojas, andrajosa, cubre su torso. Un collar de perro adorna su cuello. Pulseras, anillos y cadenas atavían sus manos y muñecas. Lleva las uñas pintadas con esmalte negro y numerosos piercings ornamentan su cara. Una vistosa cresta azul eléctrico crece arraigada en su cabeza. Su mirada, perdida, busca algún punto lejano en un horizonte que sólo ella ve. Da otro calo, largo y profundo, al porro que sostiene en su mano izquierda, con la otra mano acaricia uno de los muchos perros que la acompañan. Cree haber roto con la sociedad, haberse liberado de las pesadas cadenas de lo establecido. Cree haber encontrado una identidad propia, haber abandonado el gran rebaño. Ahora es la oveja descarriada, debe sentirse especial. No se da cuenta de que lo único que ha hecho es unirse a otro rebaño mas pequeño. No se da cuenta de que sigue siguiendo la corriente. No ve que sigue bailando al compás que otros marcan. Mal que le pese, sigue siendo un borrego de camino al matadero.

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El extranjero

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Esta semana he rescatado de mi biblioteca un libro que hacía tiempo que tenía pendiente. El extranjero de Camus, una obra tan breve como ineludible, por lo que era doble la obligación que tenía con ella.

Una vez leído, puedo decir que las sensaciones que me ha dejado son contradictorias. Por un lado me ha gustado, por el otro esperaba más... pero claro, la obra no tiene ninguna culpa de las expectativas que había depositado en ella.

Y es que en este retrato de un hombre aburrido del mundo, hastiado de su propia existencia, confuso y atrapado en su rutina, hay algo que no me creo o no me llega. Supongo que es el modo en que se nos presenta este modo de relacionarse con el mundo de Merseault. El hecho de que su apatía no sea fruto de ningún experiencia, trauma o frustración. La ausencia de motivos para su tristeza o, mejor dicho, abulia.

Camus se encarga de plasmar la mirada del personaje a lo largo de toda la primera parte. El entierro de su madre, la relación con Marie y el trato con sus vecinos, dibujan perfectamente la indiferencia con la que Mersault mira al mundo, y lo hace de un modo preciso... pero, pese a que puedo entender la ausencia de un detonante para esa actitud como el modo en que Camus pone de manifiesto que simplemente es la consecuencia lógica a la que le aboca la sociedad en la que vive, yo hecho en falta un conflicto, un desengaño que justifique toda esa abulia.

De este modo, la primera parte me parece un retrato magnífico del modo en que Mersault ve la vida, pero yo, como lector con sus manías, hecho en falta un porqué más concreto.

Y algo parecido me sucede con la segunda parte, que me parece tan brillante en lo que plantea, especialmente durante el juicio, donde se el personaje se da cuenta de que ha pasado a ser el espectador pasivo de su propia suerte, como desapegado de toda emoción humana.

En definitiva, no consigo creerme a Mersault a lo largo de todo el libro. Me parece un mero títere que sirve a un fin, la exposición de una tesis y retrato de una sociedad, pero no puedo llegar a entender porque es como es y esto repercute en el efecto que tienen todos los razonamientos que surgen durante la historia... y es que sin llegar a conocer como se forja la personalidad de Mersault no sé hasta que punto su comportamiento es consecuencia del entorno que le aliena y le moldea o de su propia naturaleza depresiva.

A pesar de todo, a pesar de este detalle que quizá ha condicionado en exceso mi opinión, es un muy buen libro. Un libro que sin duda recomendaría, que se lee muy rápido y cuya historia sencilla sirve para desarrollar un discurso profundo que aborda la mayoría de temas que definen la condición humana (el amor, la muerte, el sentimiento de culpa, la creencia en Dios, la arbitrariedad que rige la sociedad y la justicia y la diferencia entre vivir o morir).

8/10

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StreetFiles

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He descubierto un nuevo portal dedicado al arte urbano. Se trata de una plataforma a medio camino entre una red social y un profundo archivo de fotos de alta calidad (tanto por la resolución que exigen para poder ser colgadas como por él hecho de estar libres de marcas de agua) de cualquier manifestación de arte que se pueda dar en la calle. Su nombre: Streetfiles.

De este modo, nos encontramos con la herramienta ideal para difundir nuestras fotos, bien sean de nuestra propia obra, bien sea a base de fotografías que podamos capturar dando una vuelta por nuestra ciudad o durante un viaje. Conocer otros artista o aficionados al arte urbano e intercambiar información consejos y valoraciones.

Una plataforma que además promueve iniciativas interesantes, como la exposición en galerías y en formato físico de las mejores fotos (siempre y cuando el autor las cuelgue libres de derechos de autor) y que también dispone de una tienda propia donde adquirir camisetas y otro merchandising.

En definitiva, un portal casi ineludible si se quiere disfrutar de buenas (posiblemente, las mejores) imágenes amateur de este mundillo.

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Mi twitter como fotolog
Nuestro portfolio y DevianArt

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Alena by Indigo

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Volvemos al mundo del stencil. Esta vez con un vídeo del artista Indigo pintando una nueva pieza:





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La sombra del poder

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Con la mayoría de thrillers me sucede algo que nunca terminaré de entender. ¿Por qué los guionistas siempre creen que un salto mortal con doble pirueta donde te rompes el cuello es mejor que una simple voltereta bien ejecutada de la cual sales airoso?

Y es que este thriller es un magnífico ejemplo de como crear una película con una atmósfera que te atrapa poco a poco, lenta, que se toma su tiempo para plantear cada aspecto de la película, pero que no aburre y consigue que te intereses por la historia. Una historia que mientras se construye va atando cabos de manera lógica y consistente, que conduce al espectador hacia una solución plausible, para, de repente, en los últimos cinco minutos, dar un volantazo y replantear todo el esquema, hacerlo encajar todo con calzador y dejar al espectador tan sorprendido, como desubicado y finalmente, engañado, con una cierta sensación de estafa.

Porque, si bien es cierto que la película y su final no es, ni por asomo, tan rocambolesco como el de "Seduciendo a un extraño" y la película, en líneas generales, está mucho mejor construida que la reciente "Duplicity", lo cierto es que ese último giro final, en mi opinión innecesario, hace que, a ojos del espectador, la película pase de ser un sobrio e inteligente thriller, a un castillo de naipes levantado sobre cimientos resbaladizos.

Y es que hay veces que la tuerca ya está lo suficientemente firme, y darle otra vuelta más, para lo único que sirve es para que reviente la tubería.

Por lo demás, la película lo tenía todo para ser una muy buena película, historia interesante, buenas interpretaciones, guión sobrio, atmósfera atractiva, ritmo adecuado... pero el final, termina por estropear la buena impresión que se va cuajando a lo largo de todo el metraje.

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Socorro, perdón

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Volvemos a la carga con un pequeño análisis de mi última lectura.


Después de mucho tiempo sin leer un libro he decidir retomar el hábito. Para hacerlo intenté recordar mis autores favoritos, los temas que suelen engancharme y el estilo que más o menos garantiza que quiera seguir pasando páginas. Houellebecq por temática, Bukowski por estilo y Palahniuk como entretenimiento efectivo con algo de trasfondo fueron los nombres que acudieron a mi cabeza.

Con esta información recapitulada tenía claro que quería un libro cínico, mordaz, que indagase un poco en la condición humana, especialmente en esa parte más sucia, pero que a la vez fuese un texto ligero y fácil de leer, capaz de entretenerme y, puestos a pedir, que estuviese estructurado en capítulos bien cortos.

Después de indagar un poco por la red me topé con el nombre de Fréderic Beigbeder. Amigo de Houellebecq y del que en diferentes fuentes leí que su obra andaba a medio camino entre el estilo de Brett Easton Ellis y el de Michel. La segunda parte era una buena noticia, la primera un pequeño chasco, ya que los textos del americano siempre me han parecido excesivamente densos, minuciosos en descripciones muchas veces prescindibles y con un ritmo algo atropellado que no invita precisamente a que me enganche a sus novelas. Aún así, decidí darle una oportunidad.

Acudí a la librería con la idea inicial de adquirir su ópera prima, 99 francos, título traducido como 13,99€. No lo tenían, así que me quedé con la continuación de las aventuras y desventuras de su personaje principal: Socorro, perdón.

Una vez puestos en antecedentes sobre el tipo de obra que os podéis encontrar, intentaré hablaros un poco del libro.

La novela relata la historia de un model hunter, un cazatalentos de jóvenes modelos. Adolescentes más cerca de la niñez que de la adolescencia. Niñas entre los trece y los diecinueve años. Y a través de este pretexto de desarrolla todos los temas que sustentan la novela. La sacralización de la belleza, el deseo prohibido, el complejo de Edipo, la insatisfacción de la sociedad actual que se cobija en placeres prefabricados. Una serie de temas realmente interesantes, bien hilados y que gracias a un estilo directo y conciso, consigue que las primeras cuarenta o cincuenta páginas de la historia más que leídas sean devoradas.

Sin embargo, luego el texto decae y se resiente de alguno de los vicios del autor que al principio llegas a atisbar como virtud. La reiteración y el pivote constante sobre un mismo tema, de un modo casi idéntico, sin aportar nada nuevo al discurso, que en un principio asocias a las obsesiones y manías del personaje, poco a poco se vuelve repetitivo y cansino. Las descripciones de las diferentes bellezas que seduce, cree enamorarse o con las que simplemente juega se vuelven anodinas. Al cabo de cincuenta páginas más te das cuenta de que el libro es perfectamente legible en diagonal.

Pese a que la lectura se vuelve algo insulsa, el interés no decae del todo porque el personaje es interesante y es a partir de la segunda mitad del libro donde se empiezan a descubrir los auténticos pormenores de la trama (la aparición del personaje de Lena da un nuevo empuje al discurso y vuelve a otorgarle algo de variedad aunque siga siendo bastante reiterativo), cuando se empieza a apuntar hacia el desenlace. Pero lo cierto es que ya no logras sumergirte en la lectura como en las primeras páginas y que poco a poco el estilo que te pareció dinámico y atractivo se vuelve pobre fruto del constante deja vu.

El remate es un desenlace previsible, tanto en lo que debe intuirse como en el teórico giro sorpresa, y algo abrupto.

Sin embargo, pese a todos esos defectos, no es un mal libro. Ningún libro que consigue que el lector permanezca interesado por lo que le va a suceder a los distintos personajes puede considerarse malo, pero la sensación que se tiene al leerlo es que el autor se olvidó de las tijeras al dar la última corrección al texto. La sensación de que hay demasiada paja y que el grano que queda es insuficiente.

6/10

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