Karl Marx

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Y en medio de estas fiestas de frenesí consumista, os dejo el último trabajo de mi hermano. El retrato de uno de los pensadores más influyentes en los acontecimientos históricos y movimientos sociales del siglo pasado: Karl Marx



Karl Marx se mostraba crítico de toda la filosofía anterior por considerarla meramente especulativa, teórica y desvinculada de la realidad. Él no pretendía construir otro sistema, otra escuela filosófica, su objetivo no era teórico sino práctico: transformar la realidad. La suya era una filosofía de la praxis, de la acción.

Su pensamiento se nutría fundamentalmente del de Hegel, de quien tomó el método dialéctico, y de Feuerbach, de quien heredó el materialismo. Su filosofía, que recibió luego el nombre de "materialismo dialéctico" o "materialismo histórico", fue la fuente inspiradora de grandes luchas sociales en todo el mundo y el sustento filosófico-político-económico de experiencias revolucionarias como las de Rusia, China y Cuba.

Marx nació en Tréveris (Renania, Alemania) en 1818. Si bien su familia era de origen judío, el padre se bautizó en la Iglesia Luterana e hizo bautizar a su esposa y a sus hijos, cuando Karl tenía seis años.


En 1835 comenzó sus estudios de Derecho en Bonn. Su comportamiento allí estuvo lejos de ser el que se esperaba de un estudiante (bebía y hasta llegó a batirse a duelo) por lo que su padre decidió que prosiguiera sus estudios en Berlín. El padre no se equivocó: en Berlín, Karl pasó cinco años de formación intensa, tanto en Derecho como en Filosofía. Allí tomó contacto con la obra de Hegel en el ambiente en el cual el propio Hegel había enseñado hasta hacía pocos años. Asistió a los cursos de von Savigny, el famoso representante de la Escuela Histórica del Derecho y se integró al grupo de los "jóvenes hegelianos" de izquierda.

En 1841 obtuvo en Jena el título de Doctor con su tesis Diferencia entre la Filosofía de la Naturaleza de Demócrito y Epicuro. Pero vio cómo se le cerraban las puertas para dedicarse a la docencia: su amigo Bruno Bauer había sido expulsado de la cátedra en Bonn por su ateísmo. Ante esta dificultad decidió dedicarse al periodismo.

Ingresó luego al Diario Renano en el que progresó rápidamente hasta transformarse en director. Pero el carácter crítico de sus escritos llevó a la clausura del periódico. Viajó a París para dirigir la publicación de los Anuarios germano-franceses. Allí conoció a Engels, su futuro amigo, compañero y, en alguna medida, "mecenas". En 1845, el gobierno francés lo expulsó del país y se refugió en Bélgica. Allí publicó con Engels el famoso Manifiesto del Partido Comunista. En 1848 Marx fue expulsado de Bélgica y recibido con honores por el nuevo gobierno francés. De Francia pasó a Alemania para fundar un nuevo diario en Colonia. Pero al poco tiempo el diario fue clausurado y Marx invitado a dejar el país. Así fue como, en agosto de 1849, Marx decidió trasladarse con su familia a Londres, donde pudo escribir, estudiar y reunirse con políticos revolucionarios sin ser perseguido por las autoridades. Murió el 14 de marzo de 1883.

Entre sus obras se destacan: Sobre la cuestión judía, Contribución a la crítica de la filosofía hegeliana del derecho, Manuscritos económico-filosóficos, La ideología alemana, La lucha de clases en Francia de 1848 a 1850, El 18 Brumario de Luis Bonaparte, Contribución a la crítica de la economía política y El capital.

Marx fue un durísimo crítico de la sociedad burguesa. Él entiendía que el hombre vive alienado, enajenado, y considera que la raíz de esta situación se encuentra en la injusta estructuración de la actividad económica. Si no se resuelve la injusticia en este plano básico o estructural, toda la vida social seguirá siendo injusta y alienante.

Según él, la causa básica de la injusticia es la propiedad privada de los medios de producción, que genera la separación entre los propietarios (burgueses) y los no propietarios (proletarios, quienes sólo son dueños de su prole, de sus hijos). Los propietarios se valen de la fuerza de trabajo de los no propietarios (la fuerza de trabajo es el único generador de riqueza) para aumentar su capital y le dan al trabajador como pago lo mínimo necesario para que subsistan él y su familia. A la diferencia entre la riqueza que generan los trabajadores y lo que efectivamente reciben por su trabajo Marx la llama "plusvalía". En definitiva, se trata de un saqueo o robo que unos pocos, los burgueses, hacen a las grandes mayorías, los proletarios.

Marx creía que esa sociedad injusta sería suplantada por una "sociedad comunista", sin división de clases y sin propiedad privada de los medios de producción. Pero también creía que este cambio no se daría sino a través de una revolución violenta, generada por un movimiento que reuniera la inteligencia de los intelectuales revolucionarios y la fuerza de las masas proletarias.

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Hoy colgamos un vídeo de otro stencil, esta vez del artista Hush pintado en el festival Cargo. Un video lleno de ritmo y que seguro que te levanta el buen humor.



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Tras un tiempo inactivo, toca nuevo relato:



PRIMERAS IMPRESIONES

Llega tarde. Bueno, más bien yo he cometido el error de ser puntual, siempre llegan tarde.

Espero que le guste la cafetería que he escogido, no hay demasiada gente, se oyen conversaciones, pero se puede hablar cómodamente. Además preparan un buen café y al no ser un local especialmente grande, el aroma le confiere un olor característico. Bueno, en general todas las cafeterías huelen muy bien desde que se les ha restringido la zona de fumadores, pero lo importante es que en ésta además preparan buen café.

La puerta se ha vuelto a abrir. La corriente de aire me refresca el gaznate cada vez que alguien la abre. Ha entrado una chica, lleva tacones. Camina ligera, aún así el traqueteo de sus zapatos la delata, es inevitable. Se para justo a mi lado.

“¿Juan, verdad?”. Es ella. Me levanto y la saludo. Le doy dos besos, lleva poco maquillaje, eso es bueno. Usa un perfume discreto, eso es aún mejor. Llevo la mano a su cintura, no se ha quitado la chaqueta, es normal, apenas le he dado tiempo. Antes de sentarse acaricia mi perro y suelta un comentario. Parece que le gusta. “Bueno Claudia, por fin nos conocemos, dime, ¿te ha sido difícil encontrar la cafetería?”.


Toma asiento y empieza a hablar, despacio, aún así se detiene para pensar las cosas. Su voz es agradable, no es estridente, más bien todo lo contrario, grave y cálida. Es educada, correcta, parece lista. Conversar con ella resulta acogedor y sensual, pese a que la charla sea absolutamente banal, no puede ser de otro modo. Hago una broma, ella suelta una risa cómplice. Sus labios deben de haber dibujado una línea curva efímera, su mirada quizá haya buscado la mía con picardía, luego ha llegado la risa con ese sonido leve, tímido, ahogado por medio suspiro.

Ha cogido mis manos, entrelazo mis dedos con los suyos. Tiene unas manos pequeñas, muy suaves, apenas lleva bisutería, un par de anillos, diría que muy discretos. Acaricio el dorso de su muñeca, decir que su piel es aterciopelada puede parecer un tópico, pero creedme si os digo que en su caso es la pura verdad. Pese a que me pasaría largo rato acariciando esas manos y recorriendo cada uno de sus recovecos, redibujando cada una de sus líneas, decido darles un ligero apretón y soltárselas.

La conversación continúa. Sigue siendo igual de intrascendente. Tras otro breve intercambio de preguntas y respuestas mecánicas, donde esbozo unas cuantas sonrisas, ella me coge ambas manos, me da dos toques muy suaves, oigo como corre su silla, se levanta y me dice: “voy al servicio, ¿me disculpas?”. Yo asiento con la cabeza.

Me gusta, creo que me gusta. Sin embargo, pido al camarero que se acerque.

-¿Quería algo?
-Sí, ¿podría traerme una cerveza?
-Claro, ¿estrella?
-Sí, una estrella me sirve - antes de que el camarero se retire añado. - Por cierto, tengo una pequeña duda. - me rasco la cabeza antes de formularla - la chica que me acompaña... ¿Usted diría que está buena?

Ella ya se acerca. El traqueteo de sus tacones vuelve a delatarla, es inevitable. El camarero parece sonreír, no llega a responder, se limita a darme una palmada en el hombro, como si de un viejo colega se tratase. ¿Un extraño gesto de camaradería entre dos desconocidos o mera condescendencia?

El botellín de cerveza condensa las primeras gotas de humedad a su alrededor. Ella vuelve a hablarme con ese tono cálido y apacible. De vez en cuando busca mis manos con las suyas. A veces sacude su cabeza y me llega el olor tenue de su perfume. Sin embargo, yo sigo dudando.

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