Azul casi transparente

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Mi última lectura es esta obra de Murakami, aunque no del más conocido, Haruki, sino de un autor con menos renombre y repercusión, al menos a día de hoy y en el mercado occidental: Ryu Murakami. Sin embargo, después de haber leído varias obras de Haruki, entre ellas Tokio Blues y Kafka en la orilla, puedo afirmar, sin dudar demasiado, que Ryu es un autor bastante más estimulante que Haruki, aunque también es cierto que su obra no se puede considerar precisamente mainstream.

De este modo, en “Azul casi transparente” nos encontramos la historia, o mejor dicho, un pequeño nicho de vivencias, de un grupo de jóvenes japoneses que viven cerca de una base militar estadounidense en los años 70. Las fiestas, el consumo de drogas y el sexo ausente de tabúes es sobre lo que se apoya la novela, para terminar desarrollando un discurso sutil y algo más rico de que lo que a priori deja entrever.

Y es que la primera mitad de este libro puede llegar a parecer una sucesión gratuita de descripciones explícitas de las prácticas que llevan a cabo ese grupo de jóvenes a la deriva. La ausencia de un hilo conductor, de una trama que te guie a través de las diferentes escenas hace que durante muchas páginas seas el mero espectador de una novela que parece que no pretende llevarte a ningún sitio. Escrita más con voluntad de provocar y escandalizar que de contarte una historia o desarrollar un discurso.

Y lo cierto es que nada cambia a lo largo de las escasas ciento cincuenta páginas que componen el libro. Realmente, lo único que hay es ese fragmento de la vida de unos jóvenes perdidos. Descripciones explícitas, sin edulcorante alguno, de situaciones cada vez más duras. Pero es precisamente en esta cadencia, en el aumento de la crudeza de las vivencias de los protagonistas donde, de repente, aparece el mensaje de la novela.

Al acercarte al final observas como los personajes viven con la misma intensidad una orgía que el intento de suicidio de uno de sus compañeros. La pasividad con que reaccionan a la paliza que propina uno de ellos a su pareja, sólo es comparable a la gratuidad e indiferencia con que casi perpetran una violación. La sorpresa, sin embargo, aparece ante los planes de futuro a medio plazo de una de ellos. El futuro parece que es algo que no les concierne.

El libro poco a poco traduce todas esas escenas de gran intensidad y violencia en la absoluta abulia, anestesia y apatía con la que los personajes responden a esos estímulos. La muerte de una polilla aplastada se describe con la misma frialdad que un intento de suicidio. Las drogas pasan de ser la causa de ese estado de ensoñación permanente, a dibujarse como el camino de huida de una serie de personajes sin grandes aspiraciones ni expectativas en la vida. Personajes que llegan a un punto, donde la búsqueda del placer inmediato ya no les hace sentir vivos y que terminan refugiándose en esa espiral autodestructiva para volver a sentirse ellos mismos, cerrando otra vez el círculo en el que se mueve todo la novela: ese extraño equilibrio entre el placer que te aletarga y el dolor que te despierta.

8/10

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